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entrevistas y artículos por eduardo paz carlson

domingo, 11 de abril de 2010

Entrevista Con el Fotógrafo uruguayo Luis Fabini

Luis Fabini, (42) reside actualmente en NY.
Es fotógrafo. Nace en una familia de artistas e intelectuales. Entre ellos hubo escritores, poetas y músicos. Marcaron su formación.
Pero sería un pequeño e inesperado regalo de su padre lo que despertaría en Fabini su vocación por la fotografía.

La MV Gallery, en la ciudad de New York, expone el primer capítulo de su proyecto “Los Vaqueros de America”.

Luis Fabini, Haythorn Ranch Nebraska, 2010.

¿Qué es el proyecto “Los Vaqueros de América”?

Es un estudio fotográfico sistemático del hombre de a caballo, del hombre que trabaja de a caballo desde Tierra del Fuego hasta Alaska. Mi obra aspira a documentar la vida austera y digna de estos hombres que sienten orgullo de ser vaqueros. Estas fotos son un testimonio de sus costumbres de vida, del lugar donde realizan sus labores, de sus herramientas, y claro, de sus caballos criollos. En Estados Unidos se llaman Cowboys, en México son Charros, en Colombia y Venezuela son Llaneros, en el altiplano de Ecuador son Chagras, Perú tiene a sus Chalanes, Chile a los Huasos; y en Argentina, Brasil y Uruguay, se llaman Gauchos.

¿Porqué estudiar tan a fondo los vaqueros americanos?

Creo que hay que rescatar y divulgar con seriedad esta cultura vaquera de la que los citadinos tienen mucho de que aprender. Con mis fotos quiero ayudarlos a entender. Pero sobre todo quiero compartir mi experiencia, abrir una ventana para que desde afuera podamos conocer un poco más a estos hombres. Y para que los hijos de estos hombres vean reflejadas sus tradiciones.
Planeo la publicación una colección de libros de12 tomos. Cada tomo estará dedicado a un tipo de vaquero americano. Relato mis experiencias personales en cada uno de estos viajes. Expertos historiadores y antropólogos analizan la realidad presente y futura de estos hombres. A fines de 2008 se publicará el primer tomo de la colección, el que está dedicado a los Gauchos Orientales.

Este proyecto significa un trabajo de varios años, una obra enorme, miles de fotos…
¿Cuántas fotos lleva sacadas hasta la fecha?

De gauchos ya tengo un archivo de 30 mil fotos y de chagras, alrededor de 20 mil.
Para el archivo de toda la colección posiblemente alcanzaré las 200 mil fotografías… no sé.
Seleccionaré unas 60 fotos para cada capítulo, más o menos.
Comencé este trabajo hace ya 3 años y va a durar por lo menos, hasta el año 2013. Por el momento ya hay 10 tomos decididos. Estoy investigando otras zonas de Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y Norteamérica, en las que, seguramente, encontraré material para los tomos 11 y 12. Estos son los únicos con tema abierto por ahora.

¿Tiene auspiciantes que le permitan llevar a cabo el proyecto o lo financia de su propio bolsillo?

Al comienzo debí poner de mi bolsillo pero fue lo elemental para empezar y arme yo mismo el primer portafolio del proyecto. En 2004 me contacté con la fundación New York Foundation for the Arts (NYFA). Esta fundación me otorgó una beca renovable para realizar parte del proyecto. El resto de los fondos los consigo con la venta a coleccionistas de mis fotografías.
Lo que sucede es que el mundo está ávido por cosas reales y estos vaqueros son bien reales. Además, cuando las cosas se hacen con pasión eso se transmite a los demás y en las sociedades avanzadas (o sea, más conscientes del planeta en el que viven) eso se apoya, se premia.
En un futuro bien cercano mi idea es crear una fundación en Estados Unidos para poder invitar a nuevos donantes a colaborar en este proyecto. Esta fundación se va a dedicar a armar programas educativos para trabajar con las escuelas rurales del Uruguay (con mi material y el de otros que quieran integrarse) pero también del resto de las Américas. La idea es educar y provocar intercambio cultural en el medio rural. Me encantaría hacer, por ejemplo, en el país de los huasos chilenos hacer una muestra del gaucho oriental. Además esta fundación serviría como depósito (abierto a todos) de mi archivo personal de fotografías y de todo el material (entrevistas, audio, videos, etc.) vaya generando en cada uno de mis viajes. También consigo donantes realizando conferencias, charlas y presentaciones sobre mi trabajo en cualquier parte del mundo donde se interesen por la obra. Hay que darse a conocer, explicar… hay que contagiar a los demás con tu propio entusiasmo. Hasta ahora he dado conferencias en Europa y las Américas. El etnobotanista Wade Davis de la National Geographic me está ayudando mucho para armar esta parte del proyecto.



En estos días está exponiendo en la ciudad de Nueva York.
¿Cómo ha reaccionado el público neoyorquino ante sus fotos?

En el 2007 expuse en la Fundación The Nature Conservancy y en la galeria MV en Manhattan, New York. El público pudo ver las fotos correspondientes al ensayo sobre los Gauchos y el que está dedicado a los chagras en la muestra. Es una muestra itinerante.
El público ha mostrado una combinación de curiosidad, mente abierta, y agradecimiento por un trabajo aun no terminado. La gente se interesó muchísimo. Fue una experiencia maravillosa. En el comunicado de prensa puse mi celular para que la gente me llamara para darles un “prívate view” de la muestra a quien quisiera. Me descubrí explicando a familias del medio oeste (con hijos y abuelos) que andaban de paseo por NY, las vidas de los gauchos y chagras.
Crecí mucho interiormente con este contacto tan directo con la gente.
El feedback desde internet fue tremendo. La obra despertó gran interés en lugares tan lejanos como Rusia o Japón. De los uruguayos en el exterior recibí muchas expresiones de gratitud. El uruguayo se empieza a dar cuenta de lo que tiene cuando está afuera. El inmigrante de Treinta y Tres o de Artigas, (departamentos del norte de Uruguay) que está trabajando en Europa o en Estados Unidos se conecta con mis fotos a sus recuerdos más entrañables. Me han escrito cartas de puño y letra agradeciendo el haber mostrado su terruño, su pago al mundo.
La gente se emociona mucho y yo también.
Un grupo de curadores, agrupados en fotosynthesis.org me invitaron a participar de un proyecto maravilloso que además de armar una exhibición itinerante y llevarla a los principales museos del mundo, generan programas educativos y publicaciones. Un porcentaje de todas las ventas será vertido exclusivamente a la Fundación que quiero establecer para ayudar en temas educativos en las escuelas rurales de Uruguay y el resto de América.
Quiero que mis fotos ayuden a los niños a conocer sus auténticas raíces culturales.

Hay una imagen idealizada sobre estos vaqueros, una imagen muy utilizada por la publicidad, la industria turística y por Hollywood.

Si, son clichés, recetas. Yo soy un testigo de la verdadera cultura de los vaqueros de carne y hueso, los que trabajan de a caballo. Es una cultura que se desvanece. Los retrato tal cual son. No hay adornos ni sentimentalismos ni romanticismos. Yo no juzgo a nadie con mis fotos. No pongo ideología. Trato de estar lo menos presente posible en mis fotos. Pienso que no debo desfigurar la realidad de estos hombres con mi lente. Para lograr esto me integro a la vida diaria de esta gente. Vivo como ellos (temporadas enteras, hasta años), trabajo como ellos, trabajé junto a ellos, soy uno más. La mayoría de mis fotos las hago de a caballo. Muchas veces paro y ayudar en lo que están haciendo porque pasa que somos 2 o 3 y tenemos 500 cabezas de ganado… así que me pongo a arrear con ellos. Lo único que no hago es enlazar. He arreado a miles de cabezas de ganado atravesando el norte del Uruguay con estos grupos de hombres rudos y casi nómades En mi caso fue movimiento natural para mí porque se puede decir que casi que me crié entre vaqueros, en estancias del Uruguay, con los gauchos…

Justamente, usted comenzó este ambicioso ensayo fotográfico con el gaucho, el vaquero de su tierra. Además, ¿siendo hijo de diplomáticos, cómo es eso que se crió con los gauchos? ¿Tiene experiencia como jinete?

Para sacarles fotos a los gauchos más vale que seas buen jinete.
En el Uruguay, algunos, antes de aprender a andar en bicicleta aprenden a andar a caballo. Es un país ganadero como este con 3 millones de habitantes y 12 millones de vacas, 18 millones de ovejas… y no sé cuantos millones de caballos… ¡así que es bastante natural ser jinete! Una de las primeras fotos que tengo es la de mi padre poniéndome sobre un caballo cuando tenía 1 año. Aprendí en un lugar de trabajo: aprendí en una estancia, no en un parque. No era un señorito que iba a la estancia a pasear a caballo como un inglés o a jugar al polo. No.
Aprendí a trabajar en estancia. Me hice jinete con el mejor jinete, el gaucho verdadero, el que trabaja en el campo, no con el que sale en la postal o el que baila para los turistas.
Mi padre era diplomático. Parte de mi vida se desarrolló fuera del Uruguay. Cada año volvíamos de vacaciones y nos quedábamos 2 meses. Un mes en Montevideo y otro en la estancia de unos amigos de mi padre. Tengo recuerdos de la oveja en la parrilla, de la churrasqueada antes del amanecer, del guiso al mediodía, del “buen día” de los gauchos, del mate, de ir a buscar a los caballos para ensillar, de cabalgar con los gauchos a campo abierto… ¡de ver con ellos la primera luz del sol!

¿Y ya desde pequeño sintió la vocación de ser fotógrafo, y concretamente, de ser fotógrafo de estos hombres de a caballo?

Fue producto de una búsqueda interna. Me pasé la vida buscando afuera… y nunca encontré ninguna respuesta. Me llevó un tiempo conectarme con mi corazón, conectarme con mi pasión. Cuando empiezo a buscar adentro mío, descubro esa vocación, esa pasión.
Y mi pasión son estos hombres, estos hombres de a caballo.
Estoy enamorado de la vida de estos tipos. Me fascina el tipo de vida de estos tipos.
La dignidad con la que viven, la austeridad con la que viven.
La fotografía ha sido el medio perfecto para captar la esencia de estos hombres.
El ensayo fotográfico “Los vaqueros de América” o en inglés, “The horsemen of the Americas”, nace de esos recuerdos de mi infancia y juventud.
Mi vida es una unidad. No veo eventos separados e inconexos.
Todos los hechos de mi vida están conectados entre sí.

¿Y cuándo se dio cuenta de que estos vaqueros podrían ser tema para un ensayo fotográfico?

A los veinte años de edad comencé a trabajar como guía de montaña. Eso duró 10 años.
Luego fui fotógrafo de moda y trabajé en publicidad. Insatisfacción plena. Me cuestionaba mucho. En esa época pensaba que la culpa de mi descontento era del mundo, “lo de afuera”. Pero al poco tiempo me di cuenta que el problema no estaba “afuera”, me di cuenta de que problema estaba en mí, estaba en el “adentro”. Hiciera lo que hiciera, iba a seguir estando insatisfecho.
Tenía 35 años. Entonces, en un pestañeo, mi vida cambió.
En el lapso de 15 días se muere mi padre y se deshace mi matrimonio. M roban todos mis equipos de fotografía. No quiero volver a ninguno de mis amigos.
No me interesan más.

Muy hondo en mí, algo se alteró.

Conozco a Moriyama Roshi, un maestro zen japonés que no forma parte de la orgánica institucional zen. Es un tipo independiente. Cuando yo lo vi a él y él me vio a mí fue instantáneo: vos conmigo y yo contigo. Por ese entonces yo no sabía nada sobre Zen. Al poco tiempo me convertí en su asistente y traductor. En Brasil, trabajo con él durante 3 meses. Luego prosigo mi práctica Zen un monasterio en La Deumeure Sans Limites, con Joshin Sensei en la montaña en Francia. En esa época la superficie se calmó, el oleaje disminuyó. Yo era un tipo que no podía estar quieto. La práctica zen en monasterio son 6 horas al día sentado contra la pared. El resto es el aquí y ahora concentrado en lo que estás haciendo, lavando platos, cocinando, trabajando en la huerta. Esa es la técnica. Cinco años estuve con él. Fue un trabajo a fondo. Muy intenso. Viajamos alrededor del mundo. Charlas, retiros, conferencias. Moriyama me ayudó a conectarme conmigo mismo. Empecé a ver lo que realmente quería.

Si te conectás con tu corazón sabés exactamente lo que tenés que hacer.

Pero mucho antes de Japón y el Zen y todas esas búsquedas filosóficas y existenciales se produjo un hecho fundamental cuando yo tenía 7 años: mi padre me regala una camarita para que yo saque fotos durante un viaje los dos solos por los Andes y la selva peruana. Fue la combinación de la cámara, la herramienta, más el viaje con mi padre, que grabo para siempre el temple de mi pasión.

Yo sigo haciendo ese viaje: descubro y me descubro todo el tiempo.
Mis fotos son los frutos materiales de ese viaje constante.


Pero, y los gauchos, ¿cuando entran en escena?

Me llama un amigo francés, estudiante Zen y me presta 2 mil dólares. Compro equipo. Me voy con una cámara, un par de lentes (cargo yo los rollos), para Salto (norte del Uruguay).
Dos pintores me guiaban es esos días. Buscaba la luz del Juan Manuel Blanes y la acción en la obra de Enrique Castells Capurro.
Buscaba a los gauchos de mi niñez.
Llegué a salto a las 6 de la mañana en ómnibus.
Hacía años había estado en la zona y conocía un camino de tierra y me mandé. Era sábado.
Los estancieros y todos los demás iban para el pueblo. Nadie entraba. Hice dedo. Nadie me levantaba. Caminé 20 kilómetros. Sol. Era el 13 de Enero, el día de mi cumpleaños. Yo con un paraguas. A lo lejos veo un humito cerca del único árbol al borde de la ruta. Una higuera.
¡Era un andante!
Me hace señas. Me acerco con un poco de temor. Era la primera vez que me encontraba con un andante. El tipo me dice: “….eh, acerquesé… venga a compartir unos mates…”
Era Luis Alberto Fonseca, 56 años, andante de toda la vida. Un nómade feliz.

Dios para él, es el lugar en el que vive. Inmediatamente, empecé a sacarle fotos. Sin darme cuenta, en ese encuentro comenzó el proyecto de los hombres de a caballo de las Américas.
Tiempo después, otro gaucho me explicó: “Un gaucho es el terrón que pisa”.
El hombre se crea a semejanza de lo que hace. Es uno con lo que hace.
Este gaucho definió mi proyecto.

¿Así que, al comienzo, el proyecto se centraba únicamente en el Gaucho Oriental?

Sí. Me propuse encontrar a los descendientes del primer gaucho, el que nació en el territorio de la Banda Oriental. El contrabandista. El rebelde. El andante o caminante. El tropero.

Busqué autenticidad. Fotografíe gauchos del norte del Uruguay (la frontera). Gauchos que tienen corazón de basalto. Rudos, austeros. No son gauchos para turistas. Son hombres de a caballo de verdad. Recorrí el norte. Los campos de Artigas.

Tierra de indios. Tierras aún intocadas, salvajes.

Durante dos años estuve recorriendo esas tierras. Remates, estancias, viajé con troperos, a caballo. Me recibieron con los brazos abiertos.

En esos pagos nunca más pido permiso para sacar una foto.

Luego me di cuenta de que todos los hombres de a caballo de las Américas son hermanos de alma, que comparten la misma historia, el mismo concepto de la frontera, la misma montura y el mismo caballo, traídos al “Nuevo Mundo” por el conquistador español.

Hoy estoy recorriendo América (voy a cada país que tenga una historia ganadera, que tenga un hombre de a caballo que trabaje… yo voy a estar allí.) a través de sus vaqueros. Me interesa el hombre con la cara arrugada por años de trabajar a la intemperie, el que tiene las manos grandes y con callos. Ese es mi tema.

Es un proyecto de al menos siete años de duración. Estoy entrando en el tercer año.
He completado los dos primeros tomos de la colección: I, El Gaucho Oriental y II, El Chagra Ecuatoriano.

¿Quiénes son los chagras?

Son los vaqueros, los rodeantes de El Páramo en la zona de los Altos Andes ecuatorianos. Acabo de pasar 6 meses con el Chagra. Este vaquero desconocido para la mayoría trabaja y vive en tierra de volcanes y de toros salvajes. El Páramo (a una altura promedio de 4 mil metros sobre el nivel del mar) tiene topografía y flora de otro planeta. Las haciendas son un tamaño descomunal: de 30mil a 70 mil hectáreas… ¡y sin alambrar…! Aunque esté sobre la línea del ecuador, hace mucho frío, llueve intensamente y el viento sopla fortísimo. Por ejemplo, en marzo de 2007, visité la Hacienda Yanahurco (23 mil hectáreas), que está situada a 3700 mts sobre el nivel del mar. El propietario es Don Fernando Cobo. Es área protegida, hábitat del oso Anteojo, el cóndor, el tapir y el venado. Hacen dos rodeos al año: primero el de los caballos salvajes y segundo, el de los toros salvajes. También visité la Hacienda Pitaná, en la cordillera Occidental, Parroquia de Pifo de Patricio Argüero, un indio papero, (se hizo rico cultivando papas), dueño de varias haciendas. El Ganado salvaje que se encuentra en sus tierras es de los más grandes de la zona. En la hacienda Chalupas trabajé en el arreo de toros bravos de casta en el contadero… una experiencia impresionante. Y yo siempre sacando fotos… trabajando y sacando fotos. La cultura del Chagra es una mezcla fascinante. Físicamente son mestizos: indígenas con algunos rasgos de españoles. En cuanto a sus costumbres de trabajo (tanto como aperos y monturas), estas han permanecido casi intocadas desde la época de la conquista. Monta un caballo criollo llamado paramero bastante parecido al potro de los mongoles. Viven asilados en las alturas mágicas de los andes pero tienen celular. A la noche, alrededor de un fuego, cantan con voz herrumbrada por un agua ardiente anisada viejas canciones de amor y soledad en un español mezclado con quechua.

Conocerlos, convivir y trabajar con ellos ha sido una vivencia única. No puedo explicar con palabras lo que se siente cabalgar entre la bruma y por el filo de la montaña persiguiendo a un toro salvaje…

¿Dónde estudió fotografía? ¿Qué equipo utiliza?

Nunca fui a una clase de fotografía. Soy totalmente autodidacta. Siempre aprendí con el cuerpo, o sea, con la acción… no tanto con la cabeza. Yo aprendí haciendo, siendo.

En la fotografía no tuve maestros directos, lo qué sí tuve fue gente que me enseñó a ver. Mi abuela, por ejemplo, me enseñó a ver cuadros, me abrió los ojos. Frecuentar museos y galerías, ver los trabajos de otros fotógrafos, estudiar a pintores…todo esto me fue formando. Pero en realidad, es algo que tengo como natural, innato… se me da con mucha fluidez.

La técnica la aprendí sacando fotos, conociendo las cámaras, etc. Fue la época en que fui fotógrafo de moda y publicidad. Fue la facultad. Aprendí a darles espacio a mis modelos para que se expresaran y a no llenar el cuadro con mi presencia. No soy efectista, no uso filtros ni retoco jamás las fotos. En cuanto al equipo en sí… no interesa. Lo que realmente importa es que tengas algo que contar, que descubras tu propia forma...

No pienso en la técnica, vivo la situación. No pienso, estoy ahí. Siento confianza.
Yo desaparezco, soy una máquina de hacer.
El arte es dedicación, disciplina. Hay que jugarse.

He decidido dedicarle mi vida a este proyecto. Estoy totalmente focalizado en esto. El método Zen me enseñó a disciplinarme, a trabajar con claridad.
Si me hubiesen puesto un lápiz en la mano a los 7 años en vez de una cámara (una Kodak Instamatique de rollo grande) tal vez hoy sería escritor…

¿Y la próxima etapa del proyecto?

Ahora estoy divulgando mi trabajo y siempre estoy gestionando fondo para continuar con la obra. Armé un equipo de colaboradores que trabajando en la realización del primer tomo de la colección dedicado al Gaucho Oriental.

¿Y Después de los chagras?

Todo depende de la logística de mis viajes y el trabajo de los vaqueros en cuestión. A fines de enero vuelvo al Páramo (a 2 rodeos) a terminar el capítulo correspondiente a los Chagras.
Mi siguiente destino seguramente sea el Gran Chaco (Paraguay, Bolivia y Argentina) y el Pantanal (Matto Grosso do Sul, Brasil) Yo me ajusto en lo posible al trabajo de estos hombres.
Por los próximos 7 años estaré bastante ocupado.

Eduardo Paz Carlson, Diciembre de 2007, Uruguay. Trabajo Independiente.



Por más info visite: http://www.luisfabini.com/

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